Cambiar para que todo siga igual es una costumbre muy italiana donde sus gobiernos cambiaban continuamente pero permaneciendo los mismos en el poder. Algo parecido le ha pasado al Liverpool. Sus aficionados llevan tiempo pidiendo la marcha de los dueños norteamericanos del equipo: Tom Hicks y George Gillett. Como hizo su compatriota
Glazer en el Manchester United, los inversores se endeudaron para adquirir el equipo.
Se trata de usar un fuerte apalancamiento (hacer inversiones con pocos recursos propios y mucho endeudamiento) propios de etapas de alegría crediticia por parte de los bancos. En este caso al Royal Bank of Scotland (RBS) se le acababa la paciencia al ver las dificultades que tenían para devolver el préstamo por lo que la única solución parecía la venta del equipo para saldar la deuda. Algo parecido a lo que ocurre a muchos que se hipotecaron en exceso para comprar una vivienda y ahora tienen que venderla al no poder atender las cuotas. Ahora nos podemos preguntar cómo es posible que lograrán que les otorgaran la financiación, pero esa es una de las explicaciones del porqué el RBS es uno de los grandes bancos que han quebrado en esta crisis financiera.
No es que Hicks o Gillet se cansaran de poner dinero como le ha pasado a
Abramovich sino que a diferencia de los jeques propietarios del
Manchester City o del
Málaga, no ven el fútbol como un distintivo de riqueza, como tener un Ferrari u organizar las mejores fiestas, sino como un negocio. Cuando una empresas adquiere una maquina o inicia un nuevo negocio lo hace porque considera que esa maquina generará suficientes beneficios para pagar su coste. Pero eso no lo han logrado con la compra del Liverpool.
A pesar de que
en 2007 adquirieron el equipo de Anfield por 252 millones de euros y ahora la
venta se realiza por más de 340 millones,
Hicks y Gillet tratan de impedir la operación. La razón es que perderán más de 164 millones que prestaron al Liverpool a través de sus sociedades. Pero tendrán difícil impedirlo ya que la mayor parte de la venta irá destinada a pagar un préstamo con RBS por más de 270 millones. El banco RBS obligó a buscar un comprador bajo amenaza de adjudicarse las acciones del equipo en manos del norteamericano.
En estos momentos desconocemos el grado de apalancamiento, cuánto se ha tenido que endeudar, el nuevo propietario del Liverpool, John W Henry pero su historia se parece mucho al de los hasta ahora dueños. Inversores norteamericanos que han tenido éxito en negocios deportivos al otro lado del Atlántico que ahora tratan de aplicar su know-how al deporte europeo. Pero hasta ahora todas las experiencias han fracasado al tener que c
ompetir en un mercado con numerosos agentes
no maximizadores de beneficios. Habrá que ver cuál será la siguiente etapa del desembarco norteamericano en el fútbol inglés mientras de nuevo
los aficionados no han conseguido que
su voz fuese escuchada.
En Euros y Balones: