sábado, 4 de diciembre de 2010

La FIFA entrega el mundial al petróleo

La elección de la sede de grandes eventos deportivos siempre está envuelto en polémica. Pero la elección de los mundiales para 2018 y 2022 ha deparado enormes sorpresas. El enorme coste que supone organizar estas celebraciones hace que muchos países se piensen mucho antes de postularse como candidatos. No es casualidad que la organización de unos Juegos Olímpicos supongan un lastre para la economía de un país.

El principal coste de la organización es la construcción de instalaciones y el mayor problema es su infrautilización después del evento que hace imposible rentabilizar por un período tan corto de tiempo como un mes. Por esa razón los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 resultaron rentables, la inversión en nuevas instalaciones fue mínima.

Pero la FIFA no ha apostado por la sostenibilidad económica de los mundiales. Como hacen muchas competiciones ligueras se ha encomendado al dinero del petróleo. Rusia precisa construir 13 nuevos estadios y renovar otros tres. La candidatura ibérica sólo precisaba construir cinco, reformar nueve y ya tenía siete estadios preparados en estos momentos para la competición. Los rusos tendrán que afrontar una inversión de 3,82 billones de dólares para construir los estadios fretne a los 2 billones del presupuesto español. Además varios de los campos nuevos ya estaba planificada su construcción independientemente de la candidatura del mundial. Además la candidatura ibérica permitía poner a la venta medio millón más de entradas que la rusa.

Todavía más sorprendente es la concesión del mundial de 2022 a Qatar. Será necesario construir nueve nuevos estadios y renovar otros tres. El presupuesto total asciende a 3 billones de dólares. Una ingente cantidad de dinero en un país de menos de un millón de habitantes y con escasa tradición futbolística que ocupa el puesto 113 en el ranking FIFA, Los qataríes batieron en la final a la candidatura norteamericana que no precisaba de construir ninguna nueva instalación y que ponía a la venta dos millones más de entradas.

Puede resultar comprensible una estrategia de tratar de internacionalizar el deporte del fútbol a nuevos países con el objetivo de aumentar su difusión. Esa fue la razón de la organización de los mundiales de Estados Unidos en 1994 y de Japón y Corea del Sur en 2002. Pero la FIFA también debería atender a la sostenibilidad económica de los mundiales para evitar que se conviertan en una carga excesiva para los países anfitriones. Debemos recordar que el enorme déficit de los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 provocó que solo se presentara una candidatura para organizar los de 1984. Por eso no puede extrañar que al igual que ocurre con las olimpiadas, empiecen a alzarse voces en los países candidatos en contra de albergar este tipo de eventos. Si los petrodólares están adulterando las ligas de equipos no se debería permitir que a la hora de competir por albergar unos mundiales algunos actuaran dispuestas a cualquier cosa con tal de ser elegidos porque afectará a la bondad del propio mecanismo de concesión.

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