lunes, 6 de octubre de 2008

La mala suerte del Manchester City

Algunas voces destacadas de la blogosfera, como Matador o La Reserva, desean que los millonarios lleguen a la liga española haciéndose con los equipos. Parece que el síndrome Abramovich también es letal entre los periodistas patrios. Y toda ha venido por el deslumbrante fichaje de Robinho por parte del Manchester City y sus nuevos dueños árabes.

Lo de llegar a un sitio nuevo con un fichaje estrella bajo el brazo no es nuevo. Ya lo hizo Jesús Gil cuando trajo a Futre al Atlético de Madrid pagado de su bolsillo o el fondo MSI con el equipo brasileño del Corinthias. En el primer caso, el resultado fue que el benefactor terminó recuperando con creces aquella dádiva mediante la apropiación indebida de más de 16 millones de euros. En el segundo, la justicia brasileña descubrió un entramado de lavado de dinero negro en torno al equipo de fútbol.

No todos los millonarios son delincuentes. Otra categoría son aquellos que se endeudan para comprar los equipos y después deben ordeñarlos e hipotecarlos para pagar los préstamos. Es el caso del Manchester United desde la toma de control por parte de la familia Glazer. Los norteamericanos no llegaron para poner dinero sino para maximizar su rentabilidad económica, recuperando la inversión y obteniendo beneficios. Aunque eso suponga un elevado apalancamiento que provoque un fantástico negocio o la ruina del equipo.

Por último se encuentran los millonarios desprendidos que aportan recursos a un equipo por la simple satisfacción de compartir sus éxitos deportivos. Es el caso del propio Abramovich, que probablemente no verá en su vida rentabilidad alguna de su inversión en el Chelsea. ¿Pero cuánto puede durar como benefactor? El millonario ruso ya está mostrando signos de cansancio aunque sigue respaldando al equipo.

Los peligro de depender de un millonario son varios. El primero es que el millonario se canse de poner dinero o que por problemas en otros negocios deje de aportar dinero. Es lo que le ocurrió al Gretna escocés. Otro peligro es que decida llevarse su “juguete” a otro sitio al estilo NBA. Aquí en España tenemos el caso del Ciudad de Murcia reconvertido en Granada 74 o incluso en la 2ªB catalana.

Por ahora Abramovich sólo hay uno, o si acaso dos si contamos con Hopp y su Hoffenheim. En la mayoría de casos la incorporación de accionistas únicos o mayoritarios en los equipos de fútbol no ha traído éxitos deportivos ni estabilidad social.

Veremos cuál va a ser el resultado de la gestión del Abu Dhabi United Group con el Manchester City, pero la lista de fracasos de ese modelo son numerosísimos. Sobre todo tras conocerse que el grupo inversor no guarda relación con el fondo soberano del país árabe, sino que es propiedad exclusivamente de uno de los miembros de la familia real. Y después que el anterior millonario propietario del equipo, un ex-primer ministro tailandés que también inició su andadura en el City con el fichaje mediático de Eriksson como entrenador, vendiera apresurado tras las pesquisas de la justicia sobre su fortuna.

No me gustaría estar en el pellejo de los aficionados de Manchester City. Algunos de ellos también creen que han tenido mala suerte.

Actualización: Shinawatra, el anterior dueño del Manchester City, ha ganado 26 millones de euros por su inversión durante un año. Los aficionados no han obtenido rentabilidad financiera ni deportiva alguna.

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