martes, 3 de marzo de 2009

Ni clubes ni SAD son la solución

La ley del Deporte de 1990 dictó que todos los equipos profesionales debían convertirse en sociedades mercantiles denominadas Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). La necesidad de esa ley surgió por la situación de quiebra de casi todos los equipos y la existencia de elevados impagos con Hacienda y Seguridad Social. La solución parecía sencilla: que los equipos tuvieran dueños que arriesgaran su dinero por lo que se preocuparían de realizar una buena gestión. Hasta ese momento todos los equipos eran asociaciones donde ni los socios ni los administradores respondían con su patrimonio de las pérdidas repetidas.

Pero la realidad ha mostrado que no era tan fácil. Numerosas SAD han tenido dificultades económicas e incluso entraron en un proceso concursal como Hercules, Logroñes, Compostela, Real Oviedo, Las Palma, Sporting de Gijón o Real Sociedad. En el panorama internacional también existen varios fracasos económicos de equipos convertidos en sociedades anónimas como el alemán Borussia Dortmund y los italianos Fiorentina y Parma,

A los cuatro equipos españoles que permanecieron como asociaciones deportivas se les impuso la obligatoriedad que sus directivas avalaran los posibles desfases de sus presupuestos para responsabilizarlos de su gestión. Pero eso tampoco ha evitado que el Real Madrid precisara de una recalificación urbanística para terminar con su abultada deuda.

Pero también equipos que son sociedades anónimas cosecharon éxitos deportivos y económicos, especialmente en la Premier. A pesar de eso también surgieron problemas. La alta rentabilidad atrajo a inversores que han endeudado enormemente a los equipos y la elevada repercusión mediática de la competición inglesa atrajo a multimillonarios con ansias de protagonismo. Ambas circunstancias han supuesto una concentración del capital de los equipos ingleses y una pérdida de la capacidad de influencia de los aficionados.

Ante estos hechos, muchos aficionados ingleses han creado nuevos equipos bajo su control o han creado plataformas para adquirir sus equipos. Ninguna de las iniciativas inglesas trata de crear clubes deportivos sino que se trata de sociedades mercantiles donde se encuentra limitada la capacidad de acaparamiento del capital en pocas manos. Estando todo el proceso bajo la supervisión de las autoridades financieras, el equivalente a nuestra CNMV, para evitar abusos al accionista minoritario como los padecidos en el fútbol español.

Por ejemplo, la iniciativa del ShareLiverpool trata de reunir aficionados que compren una acción del equipo que no tendrá relación alguna con el abono para ver los partidos y que como cualquier patrimonio tendrá una duración indefinida que podrá dejarse en herencia. Por tanto son iniciativas más parecidas al funcionamiento del Green Bay Packers que al del FC Barcelona.

Una alternativa son las sociedades mixtas portuguesas donde participan inversores pero la mayoría del capital está en manos de un club deportivo. Algo que también ocurre con varios equipos de la Bundesliga que son dirigidos por la bicefalia de una junta directiva del club deportivo junto al consejo administración de una sociedad mercantil.

Otra solución intermedia es el encargo de la gestión de los aspectos económicos de un club deportivo a una sociedad mercantil, como la labor que realiza Sportfive. Lo que tampoco está exento de riesgo como ocurrió con el gerenciamiento argentino que no evitó la quiebra del Quilmes Atlético o del Racing de Avellaneda.

Ahora que se debate una nueva reforma en la organización de los equipos profesionales, no se puede criminalizar las formas societarias ni se puede olvidar los errores cometidos en los clubes deportivos como anteriormente se ensalzó ciegamente a las SAD y se censuró excesivamente a los clubes. No podemos olvidar que el dinero y el deporte son dos caras inseparables de una misma moneda que son los equipos de fútbol.

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